Compartimos un mensaje que ha circulado en las redes al cual adherimos:
El problema no es el corpiño. Ni la bombacha. Ni el boxer de los varones. Ni la musculosa. El problema es la aceptación de las normas. O, mejor dicho, la "no aceptación".
Las instituciones educativas se rigen desde hace varios años con Acuerdos de Convivencia. En ellos, no está todo escrito; sólo algo. En ningún lado dice que en las escuelas no se puede cometer un homicidio, pero no se puede. Tampoco dice que las necesidades fisiológicas deben realizarse en los baños, pero esto sucede así. Ni tampoco dice que no se puede tener relaciones íntimas, pero esto tampoco sucede. Asimismo, en ningún lado expresa nada respecto al uso de los corpiños.
Ahora me pregunto...¿en qué momento empezamos a permitir todo? Fue en los últimos años? ¿Fue en la década anterior? ¿Fue mucho antes? No lo recuerdo...
Y así ha ido pasando el tiempo, y hemos ido aceptando muchas cosas ...por ejemplo... que como algunos pertenecen a una religión determinada, se nieguen a portar la Bandera Argentina. Y también aceptamos que muchos no canten nuestro Himno Nacional. Y permitimos que entren tarde, o que se vayan antes. Que elijan cambiarse de turno, o de curso. Que si están descompuestos, o simplemente quieren irse, sus padres vengan a retirarlos aunque tengan clase. Que si se rompe la calefacción, puedan decidir no venir. Que si quieren festejar el último día de clases, puedan hacerlo. O también que festejen el primer día. Que vengan sin útiles. Que no compren los libros. Que no traigan las fotocopias. Que si quieren quejarse porque perdieron su celular y no lo recuperaron, puedan hacerlo. En fin, hemos ido aceptando mucho, pero mucho, mucho...
Yo trataré de seguir haciendo cumplir lo que está escrito, y lo que el sentido común me indique. Porque soy un profesional y me formé para esto.
Mi más sincero respaldo a los colegas que continúan creyendo que cumplir las normas pautadas, son una de las mejores maneras de educar a nuestros jóvenes, para una plena vida democrática.